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06/02/2026Nara es un lugar donde la historia se siente muy cerca.
Aquí los templos antiguos conviven con parques tranquilos y ciervos que caminan libremente entre la gente.
Todo invita a ir despacio y a observar.
En este artículo te presento 10 lugares imprescindibles de Nara, pensados para viajeros que quieren conocer el origen del Japón clásico sin el ritmo acelerado de las grandes ciudades.
Si buscas calma, tradición y naturaleza, Nara es una parada perfecta.
1、Nara Park
Nara Park es el corazón verde de la ciudad de Nara y uno de los lugares más representativos de la región. Aquí se mezclan naturaleza, templos históricos y una atmósfera tranquila que contrasta con las grandes ciudades japonesas.
El parque se desarrolló alrededor de antiguos templos budistas y santuarios sintoístas, cuando Nara fue la primera capital permanente de Japón en el siglo VIII. Desde entonces, ha sido un espacio clave para la vida cultural y religiosa.
Pasear por Nara Park es gratuito y muy relajante. Los senderos amplios permiten caminar sin prisa mientras se disfrutan vistas abiertas y edificios históricos repartidos por el parque.
El gran símbolo del lugar son los ciervos, considerados mensajeros de los dioses. Puedes darles de comer galletas especiales y ver cómo se mueven libremente entre visitantes y templos.
En primavera, los cerezos florecen y el parque se llena de color; en otoño, las hojas rojas crean un paisaje especialmente fotogénico.

Los ciervos que viven libremente en el Parque de Nara
2、Tōdai-ji
Tōdai-ji es uno de los templos más importantes de Nara y una visita imprescindible para entender la historia espiritual de Japón. Su presencia domina la ciudad y marca el centro cultural del área desde hace siglos.
Fue fundado en el siglo VIII, cuando Nara era la capital del país, como símbolo del poder del budismo y de la protección del Estado. El Gran Buda que alberga representa esa ambición y devoción de la época.
La visita es sencilla y muy clara para el viajero. Al cruzar la enorme puerta de madera, el espacio se abre y el ambiente invita a caminar despacio, mirando cada detalle del recinto.
Dentro del salón principal impresiona el Daibutsu, una de las estatuas de Buda de bronce más grandes del mundo. Alrededor, jardines y otros edificios completan el recorrido.
En primavera y otoño, el entorno natural cambia por completo, haciendo que la experiencia sea aún más especial

En su interior se encuentra el enorme Gran Buda.
3、Kasuga Taisha
Kasuga Taisha es uno de los santuarios más importantes de Nara y un lugar clave para comprender la espiritualidad sintoísta de la región. Está estrechamente ligado al desarrollo histórico de la antigua capital y a las familias nobles que la gobernaron.
Fue fundado en el siglo VIII como santuario protector de la ciudad y de la poderosa familia Fujiwara. Desde entonces, ha sido un espacio sagrado donde la naturaleza y la fe conviven de forma muy armoniosa.
La visita es tranquila y agradable. El acceso es sencillo y no requiere prisas: lo ideal es caminar despacio, disfrutando del bosque que rodea el santuario y del silencio que se respira en el camino.
Uno de sus grandes símbolos son las miles de linternas de piedra y bronce repartidas por todo el recinto, creando un ambiente único, especialmente al atardecer.
Durante festivales como Setsubun o las ceremonias de linternas, el santuario cobra una atmósfera aún más especial.

Las linternas del santuario Kasuga Taisha
4、Kōfuku-ji
Kōfuku-ji es uno de los templos más representativos de Nara y un punto clave para entender el origen de la ciudad como antigua capital de Japón. Su presencia marca el corazón histórico y cultural de la zona, muy cerca del Parque de Nara.
El templo fue fundado en el siglo VII por la poderosa familia Fujiwara y, durante siglos, tuvo una gran influencia política y religiosa. Su historia está profundamente ligada al desarrollo del budismo en Japón.
La visita es sencilla y agradable. El recinto es amplio y permite pasear con calma, combinando edificios históricos con espacios abiertos que invitan a detenerse y observar.
Su elemento más icónico es la pagoda de cinco pisos, una de las más altas y antiguas del país. También destacan el salón principal y el museo, donde se conservan valiosas esculturas budistas.
En primavera y otoño, el entorno se vuelve especialmente atractivo gracias a los cerezos y los colores del follaje, creando un ambiente muy fotogénico.

La pagoda de cinco pisos del templo Kōfuku-ji
5、Isuien
Isuien es uno de los jardines japoneses más elegantes de Nara y un lugar perfecto para hacer una pausa tranquila entre visitas a templos históricos. Su ubicación, cerca de Tōdai-ji y Kōfuku-ji, lo convierte en un refugio verde dentro del corazón cultural de la ciudad.
El jardín fue creado a finales del siglo XVII y ampliado en el período Meiji. Su nombre significa “jardín que toma prestada el agua”, ya que utiliza el arroyo Yoshikigawa como parte natural del paisaje, siguiendo una antigua tradición japonesa.
La visita es relajada y silenciosa. Se recorre a pie, disfrutando de vistas cuidadosamente diseñadas, con montañas y templos integrados como fondo natural.
Destacan los estanques, los senderos de piedra y la casa de té, donde todo invita a observar con calma y atención.
En otoño, los colores del momiji transforman el jardín en una auténtica obra de arte estacional.

Un jardín acuático teñido de colores otoñales
6、Naramachi
Naramachi es uno de los barrios más auténticos de Nara, un lugar donde se puede sentir la vida cotidiana de la antigua capital más allá de templos y santuarios. Caminar por esta zona es descubrir un Japón más cercano y humano.
Su origen se remonta al desarrollo de la ciudad alrededor del templo Kōfuku-ji. Durante siglos fue un área de comerciantes, y muchas casas tradicionales machiya se han conservado hasta hoy.
La visita es sencilla y muy agradable: se recorre a pie, sin prisas, entrando y saliendo de pequeñas tiendas, cafés y museos locales. No hay una ruta fija, y eso es parte de su encanto.
Destacan las casas de madera, los talleres artesanales y las tiendas de dulces japoneses hechos a mano.
En primavera y otoño, el ambiente es especialmente bonito, con eventos locales y un clima perfecto para pasear sin rumbo.

Naramachi, un barrio que conserva el paisaje tradicional
7、Heijō-kyū
Heijō-kyū se encuentra en las afueras del centro de Nara y fue el corazón político de Japón durante el período Nara. Hoy es un amplio espacio histórico que permite entender cómo funcionaba la antigua capital más allá de los templos religiosos.
El palacio fue construido en el siglo VIII, cuando Nara era la capital del país. Desde aquí gobernaba el emperador, y el lugar estaba inspirado en las capitales chinas de la época, reflejando el poder y la organización del Estado.
La visita es gratuita y muy relajada. Se camina por grandes explanadas abiertas, con edificios reconstruidos que ayudan a imaginar la escala original del complejo. No es un sitio abarrotado, ideal para recorrer con calma.
Destacan el Salón del Estado y la Puerta Suzaku, símbolos del antiguo poder imperial y excelentes puntos para fotografías.
En primavera y otoño, el paisaje se vuelve especialmente atractivo, combinando historia, naturaleza y tranquilidad en un mismo paseo.

La puerta Suzaku del antiguo Palacio de Heijō
8、Yakushiji
Yakushiji es uno de los templos budistas más importantes de Nara y representa el lado más espiritual y elegante de la antigua capital. Forma parte del Patrimonio Mundial y es clave para entender el origen del budismo en Japón.
Fue fundado en el siglo VII y está dedicado a Yakushi Nyorai, el Buda de la medicina. Desde sus inicios, el templo ha estado ligado a la protección de la salud y al bienestar espiritual, una idea que sigue muy presente hoy.
La visita es tranquila y clara, con un recorrido bien organizado por los edificios principales. El acceso es de pago, pero permite moverse sin prisas y apreciar la simetría del conjunto y la atmósfera serena del lugar.
Destacan sus dos pagodas, especialmente la del Este, considerada una de las más bellas de Japón. El salón principal y las estatuas budistas transmiten una sensación de equilibrio y calma.
En primavera y otoño, el templo luce especialmente bonito, con flores o colores suaves que refuerzan su carácter espiritual y contemplativo.
9、Tōshōdai-ji
Tōshōdai-ji es un templo esencial para comprender la historia religiosa de Nara y la llegada del budismo chino a Japón. No es tan concurrido como otros grandes templos, lo que lo convierte en un lugar ideal para una visita pausada y reflexiva dentro de la antigua capital.
Fue fundado en el siglo VIII por el monje chino Ganjin (Jianzhen), una figura clave que introdujo formalmente las normas del budismo en Japón tras varios intentos fallidos de viaje. Su historia está profundamente ligada al intercambio cultural entre China y Japón.
La visita es sencilla y serena, con una entrada de pago que permite recorrer los pabellones principales sin aglomeraciones. Caminar por el recinto transmite una sensación de sobriedad y autenticidad difícil de encontrar en otros lugares.
El Salón Dorado, de estilo arquitectónico chino, es el gran protagonista, junto con el tranquilo jardín que lo rodea. En otoño, los colores del paisaje realzan aún más la atmósfera silenciosa y espiritual del templo.

El ambiente tranquilo del templo Tōshōdai-ji
10、Wakakusa-yama
Wakakusa-yama es una colina suave situada junto al Parque de Nara y funciona como un mirador natural desde el que se entiende muy bien la relación entre la ciudad, los templos y la naturaleza. Es un lugar muy querido por los locales para pasear y desconectar.
Desde la antigüedad ha estado vinculada a rituales y paisajes sagrados. Su imagen más famosa llega cada enero, cuando se celebra el Yamayaki, un evento tradicional en el que la montaña se quema de forma controlada, iluminando toda Nara.
La visita es sencilla y agradable. Se puede subir caminando por senderos bien mantenidos o simplemente quedarse en la base, donde el ambiente ya es tranquilo. Desde la cima, la vista de los templos y la ciudad es espectacular.
En primavera el verde intenso y en otoño los tonos dorados hacen que cada estación tenga su encanto. Al atardecer, el paisaje se vuelve especialmente memorable.

Vistas panorámicas de la ciudad desde el monte Wakakusa




