
13 lugares imprescindibles de Hiroshima
06/02/2026
11 lugares imprescindibles de Kanagawa
09/02/2026Kamakura es perfecta para una escapada tranquila desde Tokio. Entre templos antiguos, senderos verdes y el sonido del mar, el tiempo parece ir más despacio. Es una ciudad pequeña, pero llena de historia y rincones con mucho encanto.
En este artículo te presento 9 lugares imprescindibles de Kamakura, pensados para disfrutar caminando y descubriendo su lado más tradicional y relajado.
Tsurugaoka Hachimangū
Tsurugaoka Hachimangū es el corazón espiritual y cultural de Kamakura. Más que un simple santuario, funciona como un punto de referencia que marca el ritmo de la ciudad y conecta pasado y presente.
Fue fundado en el siglo XI y está profundamente ligado al clan Minamoto y al nacimiento del shogunato de Kamakura. Durante siglos, este lugar ha sido símbolo de poder político y devoción religiosa.
La visita comienza con un largo paseo que atraviesa estanques y puertas torii, creando una transición natural entre la ciudad y el espacio sagrado. La entrada es gratuita y el ambiente invita a caminar con calma.
Dentro del recinto destacan el santuario principal, los estanques dedicados a los clanes históricos y los pequeños templos secundarios que se descubren poco a poco.
En primavera, los cerezos en flor llenan el lugar de color, y en otoño las hojas rojas transforman el paisaje. Los festivales tradicionales añaden vida y movimiento durante todo el año.

El santuario principal de Tsurugaoka Hachimangū, el corazón espiritual de Kamakura
Gran Buda de Kamakura
Gran Buda de Kamakura es uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad y una parada imprescindible para entender su historia espiritual. Su presencia tranquila resume muy bien el carácter de Kamakura.
Esta gran estatua de bronce data del siglo XIII y representa a Amida Buda. Originalmente se encontraba dentro de un templo, pero los terremotos y tsunamis hicieron que quedara al aire libre, tal como se ve hoy.
La visita es sencilla y relajada. El recinto es compacto, la entrada es económica y permite observar la estatua desde distintos ángulos, apreciando sus proporciones y detalles con calma.
Además del Buda, el entorno invita a pasear, tomar fotos y sentarse un momento a disfrutar del silencio. Incluso es posible entrar en el interior de la estatua.
Cada estación ofrece un ambiente distinto, pero en otoño y primavera el contraste con la naturaleza hace que la experiencia sea especialmente memorable.

El Gran Buda del templo Kōtoku-in, imponente y sereno
Kencho-ji
Kencho-ji es uno de los templos más importantes de Kamakura y un lugar clave para comprender la introducción del budismo zen en Japón. Su atmósfera serena contrasta con la ciudad costera que lo rodea.
Fue fundado en el siglo XIII y es considerado el templo zen más antiguo del país. Durante siglos, funcionó como centro espiritual y cultural para los samuráis que gobernaban la región.
La visita es amplia y tranquila. El recinto se recorre a pie siguiendo un eje recto, con pabellones, jardines y vistas a las colinas. La entrada permite acceder a espacios abiertos que invitan a caminar sin prisas.
Dentro del complejo destacan el gran pabellón del Buda y los jardines de estilo zen. Subiendo un poco, se obtienen buenas vistas del templo y de Kamakura.
En otoño, las hojas rojas transforman el paisaje, mientras que en primavera el verdor refuerza la sensación de calma y recogimiento.

La entrada al templo Kenchō-ji rodeada de colores otoñales
Engaku-ji
Engaku-ji es uno de los grandes templos zen de Kamakura y una pieza clave en la identidad espiritual de la ciudad. Su ubicación, rodeada de colinas boscosas, crea un ambiente silencioso y contemplativo.
Fue fundado a finales del siglo XIII, en plena era samurái, como un templo dedicado al budismo zen de la escuela Rinzai. Desde entonces, ha sido un centro de estudio, meditación y formación espiritual.
La visita se hace caminando con calma por un amplio recinto. La entrada es de pago y el recorrido permite descubrir pabellones, senderos y miradores naturales que invitan a bajar el ritmo.
Entre sus puntos más destacados están la gran campana del templo y los jardines cuidadosamente diseñados, donde la simplicidad es parte del mensaje zen.
En otoño, el momiji tiñe el paisaje de rojo intenso, convirtiendo a Engaku-ji en uno de los templos más bellos de Kamakura.

Los cerezos en flor junto al templo Engaku-ji en primavera
Hase-dera
Hase-dera es uno de los templos más visitados de Kamakura y un lugar muy querido tanto por viajeros como por locales. Su posición en la ladera ofrece vistas abiertas hacia la ciudad y el mar.
El templo fue fundado en el siglo VIII y está dedicado a Kannon, la diosa de la misericordia. En su interior se encuentra una de las estatuas de madera más grandes de Japón, símbolo de protección y compasión.
La visita implica subir suavemente por el recinto, con entrada de pago. El paseo es tranquilo y combina escaleras, terrazas y rincones desde donde se disfruta el paisaje.
Destacan sus jardines, el mirador y los pequeños altares repartidos por el complejo, que invitan a detenerse sin prisas.
Durante la temporada de lluvias, las hortensias cubren el templo de color, convirtiéndolo en uno de los lugares más fotogénicos de Kamakura.

El follaje de otoño del templo Hase-dera, envuelto en naturaleza
Hōkoku-ji
Hōkoku-ji es un templo zen conocido como “el templo del bambú” y ocupa un lugar especial dentro de Kamakura por su atmósfera silenciosa y contemplativa, lejos de las zonas más concurridas.
Fue fundado a comienzos del siglo XIV y está estrechamente ligado al clan Ashikaga, una de las familias más influyentes del Japón medieval. Desde sus orígenes, el templo ha estado asociado a la práctica del budismo zen y a la búsqueda de la calma interior.
La visita es sencilla y serena, con una pequeña entrada. El recorrido se hace a pie y permite disfrutar del sonido del viento y de una sensación de recogimiento poco común en la ciudad.
El gran atractivo es su bosque de bambú, con miles de tallos que rodean el sendero. También destaca la casa de té, donde se puede tomar matcha con vistas al jardín.
En cualquier estación el lugar es especial, pero en otoño y primavera la luz entre el bambú crea un ambiente especialmente fotogénico y tranquilo.

Un tranquilo bosque de bambú durante el paseo
Sasuke Inari Shrine
Sasuke Inari Shrine es uno de esos lugares discretos que dan profundidad a la visita de Kamakura. No es tan conocido como otros santuarios, pero tiene un aire místico que muchos viajeros recuerdan como uno de los momentos más especiales del viaje.
El santuario está dedicado a Inari, la deidad asociada a la prosperidad y la protección. Según la tradición, fue venerado por Minamoto no Yoritomo, fundador del shogunato de Kamakura, quien lo consideraba un guardián espiritual en tiempos de conflicto.
La visita es gratuita y el acceso se hace caminando por un sendero rodeado de vegetación. El recorrido es corto, pero invita a avanzar con calma, disfrutando del silencio y del entorno natural.
Su rasgo más llamativo son los pequeños torii rojos alineados y las numerosas estatuas de zorros, mensajeros de Inari. El ambiente es íntimo y fotogénico.
En primavera y otoño, el contraste entre los torii y el follaje convierte el lugar en un rincón especialmente atractivo.

Un camino conectado por torii que invita a seguir adelante
Komachi Street
Komachi Street es una de las calles más animadas de Kamakura y suele ser la primera parada para muchos viajeros que llegan desde la estación. Funciona como el eje comercial y gastronómico de la ciudad, conectando la vida cotidiana con el turismo.
Su origen se remonta al desarrollo de Kamakura como centro político durante el periodo medieval, aunque la calle tomó su forma actual mucho más tarde, adaptándose a las necesidades de visitantes y locales.
Recorrer Komachi-dori es sencillo y gratuito. Se camina sin prisa, probando snacks, mirando escaparates y dejándose llevar por el ambiente siempre activo.
A lo largo de la calle hay dulces tradicionales, tiendas de souvenirs, cafeterías modernas y pequeños restaurantes que mezclan lo clásico con lo contemporáneo.
En primavera y otoño, cuando hay más turistas, la calle se llena de color y energía, reflejando el lado más vivo de Kamakura.

Un lugar perfecto para disfrutar del street food local
Yuigahama
Yuigahama es una de las playas más conocidas de Kamakura y cumple un papel clave como espacio de descanso junto al mar para locales y viajeros que visitan la ciudad.
Desde el periodo Kamakura, esta zona ha estado ligada a la vida cotidiana de la ciudad, tanto como puerto natural como lugar de encuentro social y cultural frente al océano.
La experiencia de visita es sencilla y relajada. Se puede caminar por la orilla, sentarse a mirar el mar o disfrutar del sonido de las olas sin necesidad de planes complicados.
Alrededor de la playa hay cafés, restaurantes informales y pequeños locales donde probar comida local, además de senderos que conectan con otros puntos históricos de Kamakura.
En verano, Yuigahama se llena de vida con nadadores y eventos estacionales, mientras que en otoño e invierno ofrece un ambiente tranquilo y vistas limpias del horizonte.

La playa de Yuigahama, ideal para relajarse junto al mar



