
30 lugares que debes visitar en Okinawa (Parte Ⅱ)
09/12/2025
30 lugares que debes visitar en Tokio (ParteⅡ)
20/01/2026Tokio no es una ciudad que se entienda de inmediato, y justamente ahí está su encanto. En un solo día puedes pasar de un templo lleno de historia a una calle repleta de luces y pantallas gigantes.
A simple vista parece una ciudad moderna y caótica, pero en realidad es una mezcla constante de tradición y vida cotidiana. Muy cerca de los barrios más animados, siempre aparece un rincón tranquilo que sorprende.
En este artículo te presento 30 lugares que vale la pena visitar en Tokio, pensados para disfrutar la ciudad con calma y sin perderse. Si es tu primera vez o si quieres redescubrir Tokio, esta guía es un buen punto de partida.
1、Templo Sensō-ji
Sensō-ji es el templo budista más antiguo de Tokio y, para mí, uno de los lugares donde mejor se siente el alma de la ciudad.
Su origen se remonta al siglo VII, cuando, según la leyenda, dos pescadores encontraron una estatua de Kannon en el río Sumida.
Desde entonces, este lugar ha sido un centro espiritual para la gente común.

La Puerta de Kaminarimon está llena de gente.
Al cruzar la puerta Kaminarimon, con su enorme linterna roja, el ambiente cambia de inmediato.
Me gusta caminar despacio, encender incienso y ver cómo locales y viajeros rezan juntos.
Puedes sacar un omikuji para conocer tu fortuna o simplemente observar los pequeños gestos cotidianos de fe.
Aunque siempre hay mucha gente, Sensō-ji no se siente vacío ni artificial. Es un templo vivo, donde tradición, turismo y vida diaria conviven de forma natural.
Si quieres entender el Tokio histórico, este es el mejor punto de partida.

Desde Kaminarimon comienza la calle Nakamise.
2、Calle Nakamise (Nakamise-dōri)
La Nakamise-dōri es el camino tradicional que conecta la puerta Kaminarimon con Sensō-ji, y existe desde hace más de 250 años. Antiguamente, los comerciantes ofrecían comida y recuerdos a los peregrinos, y esa esencia sigue intacta.
Hoy, caminar por Nakamise es una experiencia para todos los sentidos.
El aroma del ningyō-yaki, de las galletas de arroz y de los dulces tradicionales te acompaña a cada paso.
Me gusta comprar pequeñas cosas, probar un dulce, seguir caminando y luego volver por otro.

Calle Nakamise
Aquí también encuentras abanicos, amuletos, yukatas y souvenirs clásicos.
Los vendedores suelen ser amables y pacientes, incluso con quienes no hablan japonés.
No es solo una calle comercial: es una parte viva de la historia de Asakusa, perfecta para disfrutar sin prisa.

El famoso ichigo ame
3、Santuario Meiji (Meiji Jingū)
El Meiji Jingu está dedicado al emperador Meiji, quien lideró la transformación de Japón hacia la modernidad.
Fue construido en 1920 y rodeado por un enorme bosque artificial con más de cien mil árboles donados desde todo el país.
Lo que más me gusta de este lugar es cómo el ruido de Tokio desaparece poco a poco mientras avanzas por su sendero de grava.
A pesar de estar cerca de Harajuku y Shibuya, aquí todo se siente tranquilo.

Santuario Meiji
Es común ver bodas tradicionales sintoístas, con kimonos blancos y rituales solemnes.
Me gusta venir por la mañana, cuando el aire está limpio y el ambiente es muy sereno.
Más que un lugar turístico, Meiji Jingu es un espacio para respirar, pensar y sentir el lado espiritual de Japón.

Boda tradicional japonesa
4、Palacio Imperial y Puente Nijūbashi (Kōkyo / Puente Doble)
El Palacio Imperial se levanta sobre lo que fue el antiguo castillo del shogun Tokugawa, el centro del poder durante el período Edo.
Hoy es la residencia del emperador, y aunque no se puede acceder libremente al interior, pasear por sus alrededores es muy agradable.
El puente Nijūbashi es uno de los símbolos del lugar y un punto clásico para fotos.
Me gusta este paseo porque muestra un contraste muy japonés: fosos con agua y árboles cuidados, rodeados de edificios modernos.

Vista del Palacio Imperial desde el puente Nijubashi
En primavera, los cerezos transforman la zona en un paisaje precioso.
Es un lugar perfecto para caminar sin prisa y entender cómo Japón mantiene viva su historia incluso en el corazón de Tokio.

Hanami cerca del Palacio Imperial
5、Templo Zōjō-ji (Zōjō-ji)
El Zōjō-ji es un templo budista fundado en el siglo XIV y estrechamente ligado a la familia Tokugawa.
Aquí descansan varios miembros de este clan que gobernó Japón durante más de 250 años.
Lo que hace especial a Zōjō-ji es su ubicación: justo frente a la Torre de Tokio.
El contraste entre el templo tradicional y la estructura moderna es impresionante y muy simbólico.

Al fondo también se puede ver la Torre de Tokio.
Dentro del recinto hay numerosas estatuas de Jizō, protectores de los niños, que crean una atmósfera cálida y humana.
Me gusta visitarlo al atardecer, cuando la torre empieza a iluminarse.
Es un lugar donde pasado y presente conviven de forma muy natural.

Estatuas budistas en Zōjō-ji
6、Parque Ueno (Ueno Kōen)
El Parque Ueno fue uno de los primeros parques públicos de Japón y sigue siendo un espacio muy querido por los tokiotas.
Aquí se concentran museos, templos, un zoológico y amplias zonas verdes.

Zoológico de Ueno
En primavera, durante el hanami, se llena de gente celebrando bajo los cerezos.
Pero incluso fuera de esa temporada, el parque tiene mucha vida.
Me gusta sentarme con algo para comer y observar a las familias, a los músicos callejeros y a la gente paseando.

Hanami en el Parque Ueno
Ueno no es un parque perfecto ni silencioso, pero sí muy humano.
Es ideal para descansar un poco del turismo intenso y ver la vida cotidiana de Tokio desde dentro.

Si estás cansado de hacer turismo, descansa aquí.
7、Santuario Ueno Tōshō-gū (Ueno Tōshō-gū)
El Ueno Tōshō-gū es un santuario dedicado a Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato.
Construido en el siglo XVII, destaca por sus decoraciones doradas y su elegancia.
A diferencia de otros templos más concurridos, aquí el ambiente es tranquilo y casi íntimo.
Me gusta detenerme a observar los detalles, las linternas de piedra y el contraste entre el oro del santuario y los árboles del parque.
En primavera, con los cerezos en flor, el paisaje es especialmente bonito.
Es un lugar ideal para quienes buscan historia sin multitudes y quieren descubrir una joya escondida dentro de Ueno.

Aquí se veneran a los antiguos gobernantes de Japón.
8、Museo Edo-Tokio
El Edo-Tokyo Museum es uno de los mejores lugares para entender cómo Tokio pasó de ser una pequeña ciudad llamada Edo a la megápolis que conocemos hoy.
El edificio en sí ya es impactante, pero lo realmente interesante está dentro.
Aquí no solo miras vitrinas: caminas por la historia. Hay reproducciones a tamaño real de puentes, casas de samuráis, barrios populares y tiendas de hace siglos.
A mí me gusta porque todo es muy visual y fácil de entender, incluso si no sabes mucho de historia japonesa.
Puedes ver cómo vivía la gente común, qué ropa usaban, cómo eran las calles y hasta cómo se divertían.
También hay zonas dedicadas a terremotos, guerras y la rápida modernización de Japón.
Después de visitarlo, Tokio se siente diferente: entiendes por qué la ciudad es como es hoy.
Es un museo perfecto para empezar tu viaje o para darle más profundidad a lo que ves en la calle.

Un lugar donde puedes aprender sobre la capital de Japón hace 300 años.
9、Cruce de Shibuya (Shibuya Scramble Crossing)
El cruce de Shibuya es uno de esos lugares que definen a Tokio sin necesidad de explicaciones.
Nació como parte del crecimiento urbano del barrio, pero hoy es un símbolo global de la ciudad moderna.
Cuando el semáforo cambia, cientos de personas cruzan desde todas las direcciones, y sorprendentemente todo fluye con orden.
La primera vez impresiona; la segunda, ya quieres formar parte del ritmo.

Se dice que tiene el mayor volumen de tráfico de Japón.
A mí me gusta cruzarlo sin prisas, simplemente dejándome llevar por la corriente humana.
Después, subir a una cafetería o a un mirador cercano y verlo desde arriba cambia completamente la perspectiva.
De noche, con las pantallas gigantes encendidas, el ambiente se vuelve casi cinematográfico.
No es solo un cruce: es el lugar perfecto para sentir la energía constante de Tokio y entender por qué esta ciudad nunca parece dormir.

Cruce de Shibuya de noche
10、Shibuya Sky
Shibuya Sky es uno de mis miradores favoritos de Tokio porque combina vistas increíbles con una sensación de libertad total.
Está en lo alto de un rascacielos moderno y su terraza abierta te permite ver la ciudad en 360 grados.
En días despejados incluso se puede ver el Monte Fuji, algo que siempre emociona.

Contemplemos desde el cielo la ciudad que nunca duerme.
Lo mejor es ir al atardecer. Ver cómo el cielo cambia de color mientras Tokio se ilumina poco a poco es un momento muy especial.
El viento, el silencio relativo y la inmensidad de la ciudad crean una atmósfera única.
No es solo un sitio para sacar fotos bonitas, sino para detenerte un momento y darte cuenta de lo grande y fascinante que es Tokio.
Para mí, es uno de esos lugares que se quedan grabados en la memoria.

Vistas nocturnas desde Shibuya Sky
11、Tokyo Skytree
El Tokyo Skytree es la torre más alta de Japón y representa el Tokio del siglo XXI.
Su diseño mezcla tecnología avanzada con inspiración en la arquitectura tradicional japonesa, como las antiguas pagodas.
Subir a sus miradores es impresionante: la ciudad se extiende hasta donde alcanza la vista, como un océano de edificios.
Hay zonas con suelo de cristal que ponen a prueba tus nervios, pero la experiencia vale la pena.
En la base del Skytree hay un gran complejo con tiendas, restaurantes y hasta un acuario, así que puedes pasar varias horas allí sin aburrirte.
Me gusta visitarlo de noche, cuando las luces de Tokio crean un paisaje casi irreal.
Es moderno, imponente y muy diferente a otros miradores de la ciudad.

Hermosas iluminaciones nocturnas
12、Tokyo Tower
La Tokyo Tower, construida en 1958, fue durante muchos años el símbolo principal de la ciudad.
Inspirada en la Torre Eiffel, representó la recuperación y el crecimiento de Japón después de la guerra.
A diferencia del Skytree, su ambiente es más cálido y nostálgico.

La Torre de Tokio, construida como torre de radio.
Desde su mirador, la ciudad se siente más cercana, más humana.
Me encanta visitarla por la noche, cuando se ilumina y crea un ambiente muy romántico.
Además, su ubicación permite verla junto a templos tradicionales como Zojo-ji, creando un contraste precioso entre lo antiguo y lo moderno.
Puede que no sea la torre más alta, pero tiene un encanto especial que sigue conquistando a muchos visitantes.

Tokyo Tower iluminada de noche
13、Kabukichō Tower (Torre de Kabukichō)
La Kabukicho Tower es la nueva cara del entretenimiento en Shinjuku.
Se levanta en el corazón de Kabukicho, un barrio famoso por su vida nocturna, y concentra teatros, música, restaurantes y bares en un solo edificio.
Aquí siempre pasa algo.
Puedes entrar sin plan y dejarte llevar por el ambiente: luces, sonido, gente de todas partes.
Me gusta porque representa el Tokio más caótico y divertido, pero de forma moderna y organizada.
Es ideal para la noche, cuando la energía del barrio alcanza su punto máximo.
Si quieres sentir el lado más intenso y actual de la ciudad, este lugar no decepciona.

Torre Kabukichō de 48 plantas
14、Odaiba
Odaiba es una isla artificial que muestra un Tokio diferente: más relajado y futurista.
Originalmente fue construida con fines defensivos, pero hoy es una zona de ocio frente al mar.
Aquí puedes caminar junto a la bahía, ver el Rainbow Bridge, subir a una noria gigante o simplemente sentarte a disfrutar del paisaje.
Me encanta venir al atardecer, cuando el cielo se refleja en el agua y la ciudad se ve tranquila.
Es un lugar ideal para parejas, familias o para quienes quieren descansar del ritmo acelerado del centro.
Odaiba demuestra que Tokio también sabe tomarse las cosas con calma.

Vista nocturna de Odaiba
15、teamLab Borderless / teamLab Planets
teamLab no es un museo tradicional, sino una experiencia sensorial completa.
Arte digital, luz, sonido y movimiento se combinan para crear espacios donde tú formas parte de la obra.
En Borderless, las instalaciones se mueven libremente entre salas; en Planets, caminas sobre agua o entre flores digitales.
No hay un recorrido fijo, y eso es lo divertido.
Exploras, juegas y te dejas sorprender.
Cada visita es diferente y siempre sales con una sonrisa.
A mí me gusta porque despierta la curiosidad y te hace sentir como un niño otra vez.
Es uno de esos lugares que recuerdas mucho después de volver a casa.

Puedes tomar fotografías muy oníricas.



